Casarse entre los árboles: el encanto de una boda donde importan las personas, no el protocolo
Abrazar a cada invitado, bailar descalzos bajo foquitos cálidos y decir 'sí, acepto' con el bosque como único testigo.
Sofía
Concierge de Bodas y Celebraciones Íntimas

1. Menos compromiso, más emoción verdadera
Una boda íntima —de entre 40 y 120 personas— tiene una magia difícil de describir. No hay formalismos acartonados ni desfiles eternos. La gente que está ahí te conoce de toda la vida y celebra contigo con el corazón abierto.
Además, la naturaleza te regala una escenografía viva: los pinos gigantescos, el olor a bosque fresco y esa luz dorada de las cinco de la tarde que hace que cualquier fotografía parezca sacada de una película.

2. Claves para que una boda de montaña sea inolvidable
• Luces cálidas por todos lados: guirnaldas de foquitos colgadas entre los árboles, velas en las mesas y antorchas encendidas cuando cae la noche. Crean una atmósfera que abriga el alma.
• Un rincón con fogata y cobijitas: cuando refresca en la sierra, poner una canasta con mantas suaves y encender fogateros donde los invitados se junten a comer bombones tostados es el éxito garantizado.
• Dormir en el mismo lugar: que los novios y su círculo más cercano puedan subir a sus suites sin tener que manejar de noche, y reunirse a la mañana siguiente para desayunar chilaquiles calientes y platicar de la noche anterior.


"Cuando te casas en la naturaleza, el bosque te recuerda lo sencillo y profundo que es amar."
3. Cero estrés si cambia el clima
En la montaña el clima tiene personalidad. Por eso contamos con terrazas cubiertas y salones hermosos con chimenea, para que si llueve o se nubla, tu evento no se arruine; al contrario, se vuelva aún más acogedor y cinematográfico.

Galería Visual de la Experiencia



En Conclusión
Casarse en el bosque es empezar una nueva etapa con los pies en la tierra, el corazón tranquilo y rodeados de la gente que más quieres en el mundo.
Vengan a conocer el bosque y platiquemos de su boda
Nos encantaría recibirlos un fin de semana, caminar juntos por los jardines, mostrarles cómo se ve la luz al atardecer y pensar ideas para su celebración.


